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Construir en armonía con las personas y con el medio ambiente

Casas de madera, casas prefabricadas, casas modulares... en los últimos años la construcción de viviendas, especialmente de viviendas unifamiliares, se ha diversificado con nuevas técnicas e ideas.

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19/08/2021

Pero por encima de materiales y tendencias, si hay algo que amenaza con cambiarlo todo son las nuevas filosofías constructivas, como la bioconstrucción.

Nuestros antepasados construían sus viviendas con lo que tenían más a mano, pero no lo hacían de cualquier manera. Dado que el aspecto de los edificios tradicionales y los pueblos son muy similares en cada región, pero muy diferentes entre regiones distantes, solemos pensar que fueron las influencias culturales y los lazos socioeconómicos los que determinaron la forma y la estética, pero lo cierto es que fueron el terreno, el clima y la forma de vida.

Y es que a lo largo de los siglos, nuestros antepasados acumularon una asombrosa sabiduría arquitectónica. Por citar solo algunos ejemplos en nuestro país: En la cornisa cantábrica las casas tradicionales ofrecen ventanas muy pequeñas hacia el norte y mucho más amplias hacia el sur, a fin de aprovechar mejor la luz del sol y limitar las pérdidas de calor. En Andalucía, son famosos los pueblos encalados, con los que se buscaba reflejar la mayor cantidad posible de radiación solar y bajar la temperatura en el interior de las viviendas. En Pirineos, las casas presentan tejados a dos aguas muy inclinados en los que la nieve no puede asentarse y cae por su propio peso; se evitaba así que la estructura colapsase en pleno invierno. Todos estos ejemplos, y muchos otros que podríamos citar, vienen a demostrar que nuestros antepasados, tal vez sin saberlo, eran bioconstructores; y que sus viviendas eran casas ecológicas.

Sorprendentemente, toda esa sabiduría se dejó de lado en cierto momento. La revolución industrial nos trajo acero, vidrio y hormigón capaces de hacernos llegar más alto y más rápido, y de convencernos de que podríamos triunfar sobre el clima y sobre el terreno.

Pero en los últimos años la tendencia se ha invertido. Buscando una forma de vivir más limpia y racional hemos vuelto la vista hacia las viviendas tradicionales y hemos comprendido (o reaprendido) con admiración, que es más fácil aliarse con el terreno y con los elementos que luchar contra ellos. Así han surgido varias filosofías y etiquetas (vivienda bioclimática, ecovivienda, PassivHaus...), cada una de ellas más centrada en un aspecto u otro, pero que, juntas, vienen a conformar el panorama de la bioconstrucción.

Conviene aclarar que la bioconstrucción no es en absoluto un intento de volver al pasado. Nadie pretende que vivamos como lo hicieron nuestros antepasados hace cien o doscientos años. Ni siquiera se trata de vivir en casas parecidas a las que habitaron ellos. De lo que se trata es de volver a construir en armonía con las personas y con el medio ambiente, de seguir unos parámetros de sostenibilidad -igual que empezamos a hacer en otros ámbitos de la vida, como el transporte o el consumo -, pero, y esto es importante, sin renunciar a nuestros propios conocimientos y a la tecnología más avanzada.

Más concretamente, la bioconstrucción se centra en los siguientes aspectos:

Estudio bioclimático

La arquitectura bioclimática es toda una disciplina por sí misma, pero sus postulados tienen cabida dentro de la bioconstrucción. Si hay algo que defina la forma del edificio será el terreno. Y aquí no nos referimos a la región, sino a la parcela concreta sobre la que se va a levantar el edificio.

Un estudio geobiológico previo detectará las alteraciones geofísicas que pudieran afectar a los futuros habitantes (inclinación, fallas del terreno, corriente y nivel freáticos, emanaciones de gas radón...). La parcela también define la orientación de la vivienda, un detalle capital para el aprovechamiento de la energía solar y la limitación de las pérdidas de calor.

La forma final del edificio estará definida pues por el terreno, pero eso no significa que vayamos a obtener una vivienda tradicional. El diseño puede ser tan moderno como se quiera, pues no estamos tratando de imitar el pasado, sino inspirándonos en lo mejor que tiene.

Materiales y estructura

En un nivel más amplio que el de la parcela, la región o zona donde se vaya a construir la vivienda también influyen sobre el aspecto de la vivienda. Las bioconstrucción suele priorizar los materiales locales. Piedra y madera son recurrentes y cuando se revisten, se hace con arcillas o cales naturales. Las pinturas y los barnices empleados también serán ecológicos, pues resultan más transpirables que los sintéticos.

Que los materiales sean reciclados o reciclables es de vital importancia en bioconstrucción, porque una vivienda proyectada según estos parámetros busca el mínimo impacto medioambiental desde la misma construcción.

Aislantes

En la búsqueda de ese impacto medioambiental mínimo, obviamente el aislamiento de la vivienda cobra una importancia fundamental. Un edificio bien aislado será capaz de mantener el calor en invierno y el frescor en verano. De esta forma se reduce enormemente el consumo en climatización.

Los aislantes, igual que el resto de materiales, son respetuosos con el medio ambiente. Son muy empleados el corcho, la celulosa y las fibras vegetales, e incluso animales, como la lana. Aquí encontramos otro buen ejemplo de cómo la bioconstrucción mira al pasado, pero no lo copia. Que los aislantes sean ecológicos y reciclables no significa necesariamente que nuestros antepasados los utilizasen en sus construcciones. Tal vez ni siquiera tuvieran acceso a ellos.

Aerotermia, climatización limpia y sostenible

La calefacción y el agua caliente sanitaria constituyen la mayor partida de gasto de una vivienda. Y, por supuesto, si no se obtienen por los medios correctos, es además causa de emisiones, algo que la bioconstrucción trata de evitar a toda costa.

De hecho, de lo que se trata es de lograr el autoabastecimiento. Pero se consiga o no la autonomía total, no cabe duda de que una casa bioclimática debe contar con un sistema de climatizacion sostenible y de alta eficiencia. La aerotermia apoyada por paneles solares térmicos y con suelo radiante como sistema emisor constituye probablemente la combinación más acertada para este tipo de viviendas.

Los sistemas de ventilación con recuperación de calor, muy empleados en las casas passivhaus son también muy interesantes, ya que ayudan a limitar las pérdidas de calor a la vez que renuevan y filtran el aire interior.

El resultado de tanto detalle suele ser una vivienda moderna, capaz de ofrecer una gran calidad de vida a sus habitantes, que presenta un consumos reducidísimos en comparación con viviendas de similar tamaño ubicadas en la misma zona y que es, además, muy respetuosa con el entorno. A nuestros antepasados, probablemente, les hubiera costado creer, que llegaríamos a vivir tan bien.


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